Texto: Associació Catalana per la Pau / Imágenes: Ramon Espinosa/AP (portada) y Daniele Mascolo/Reuters (interior)

Las consecuencias de la llegada de la COVID-19 a diferentes zonas del sur global ya se han empezado a notar con fuerza desde el punto de vista sanitario, social y económico. América Latina y el Caribe es, sin duda, una de las regiones vulnerables en cuanto a los efectos de una pandemia de estas características.

En Cuba (a diferencia otros países, como México, Brasil o Colombia) el gobierno ha reaccionado rápido y de manera firme ante los primeros indicios de expansión del coronavirus entre la población. Siguiendo las medidas dictadas desde la Organización Mundial de la Salud, se ha procedido al confinamiento de la población en casa y al aislamiento preventivo de posibles casos positivos. También se ha ordenado el cierre de todas las fronteras, por vía marítima y aérea.

Hasta este martes, Cuba sumaba 212 casos de coronavirus, seis muertos y mantenía a 2.742 personas aisladas en instalaciones sanitarias, mientras 26.000 personas más se encuentran en vigilancia preventiva en sus hogares, según datos oficiales.

Desde la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA), una de nuestras entidades socias locales, nos informan de que en general la población está respetando las medidas impuestas. El Ministerio de Salud, “está proporcionando especial atención a las personas mayores de 60 años, que reciben en casa la visita diaria del personal sanitario para indagar sobre su estado de salud”, explica Vivian Leiva, técnica de la organización. “Esto es el que está pasando adentro de la isla. Afuera, hemos enviado a otros países brigadas de médicos preparados para situaciones de desastres o epidemias, para contribuir a frenar la epidemia”, añade.

Efectivamente, durante el mes de marzo, Cuba ha enviado brigadas médicas a catorce países, en su mayoría de América Latina, y tiene cooperantes luchando contra la COVID-19 en treinta más, según recoge ‘La Vanguardia’.

En Europa, los profesionales sanitarios cubanos ya están trabajando desde hace días en Italia y, más recientemente, en Andorra. 36 médicos, 15 enfermeros y un especialista en logística proveniente de la isla caribeña están instalados en Crema, una población de 35.000 habitantes ubicada al sur de Milán. Andorra acaba de incorporar a 38 sanitarios.

En total, 40 estados han solicitado a las autoridades cubanas el envío de personal médico para combatir la pandemia. No es una situación nueva. Desde el comienzo de la Revolución, los cubanos han realizado este tipo de misiones sanitarias.

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Sierra Leona, Pakistán o Haití son algunos de los países que se han beneficiado del apoyo y el conocimiento médico cubano en tiempo de catástrofes y situaciones de emergencia humanitaria. Esta solidaridad enlaza con “el corazón mismo de la Revolución, con la pasión por la ciencia y las convicciones humanistas e internacionalistas”, en palabras del politólogo Eduardo García. Coincide con él el médico catalán Antoni Barbarà, para quien la apuesta por la calidad asistencial en salud forma parte del ADN cubano, de su identidad como nación. “La inversión en salud, de hecho, es una cuestión sagrada para los cubanos”, afirma en este artículo. “A pesar del embargo económico de los Estados Unidos y de ser un país pobre en términos de renta, Cuba se ha convertido en una referencia dentro del ámbito sanitario y de la investigación médica”, asegura.

Un larga historia de fraternidad

La Associació Catalana per la Pau trabaja en Cuba desde prácticamente su fundación. En año 1991, junto con otras entidades, impulsamos la creación de la plataforma solidaria ‘Defendamos Cuba’; y en el verano de 1992 organizamos la primera Brigada ‘Carlos Puebla’ en la isla, con la participación de unos treinta voluntarios de diferentes municipios catalanes.

Desde entonces nuestro compromiso con la población cubana se ha mantenido intacto, mediante la colaboración con diferentes asociaciones locales que trabajan para el desarrollo humano, social y productivo del pueblo cubano.

Actualmente, y con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona, trabajamos con la ACPA en un proyecto de seguridad alimentaria en zonas urbanas y periurbanas de tres municipios de la Ciudad de La Habana, a través del desarrollo sostenible de las producciones pecuarias de ocho cooperativas de crédito y servicios, que agrupan a más de un millar de productores y productoras y a sus familias.

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