Texto: Paula Serrà / Fotografia: Javier Sulé
Faye Cura es poetisa, traductora y una de las fundadoras de Gantala Press, la primera editorial feminista en Filipinas, que trabaja para visibilizar la lucha de las mujeres filipinas en distintos ámbitos de la sociedad. En los últimos años, la editorial ha publicado libros de todo tipo, entre los que destacan las obras de presas políticas y los poemarios escritos por mujeres campesinas.
También defiende la lucha campesina a través de su labor en Amihan, la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, y señala la importancia de las artistas filipinas que se organizan para apoyar a las organizaciones populares en sus campañas. En el contexto de impunidad, persecución y vulneración de derechos humanos que prevalece en Filipinas, la editorial Gantala Press propone democratizar la escritura y convertirla en una herramienta de resistencia.
Fue una de las participantes de la cuarta edición de la Escuela de Defensoras de la Associació Catalana per la Pau e International Action for Peace, que tuvo lugar del 17 al 23 de noviembre de 2025.
Faye, tú misma eres poetisa. ¿Cómo surgió tu interés por la poesía?
Fui a una escuela de arte en el instituto, y fue entonces cuando estudié literatura y poesía formalmente; descubrí por primera vez a poetisas como Emily Dickens. En la universidad cursé filosofía e historia; esto, de alguna manera, influyó en los temas de poesía y escritura que me interesaban. Cuando fundamos Gantala Press en 2015, justamente acababa de escribir un poemario sobre mujeres: mujeres en la historia, en la literatura, en la mitología…
Estaba buscando una editorial que pudiera publicar el libro, pero no había ninguna en Filipinas centrada en la labor de las mujeres. Así nació Gantala. La razón inicial era que quería publicar mi libro, pero pronto el grupo creció y se convirtió en una editorial más comunitaria.
¿Qué es para ti la poesía?
La poesía es una forma de mirar el mundo con ojos nuevos y con una perspectiva distinta, porque me parece que cuando vemos las cosas de otra manera también nos impacta e impulsa a pensar más en nuestro entorno y en el espacio en el que nos encontramos. Creo que necesitamos ser sacudidos de vez en cuando.
Actualmente me dedico a la traducción de poesía inglesa a la lengua filipina, y eso me ha ayudado mucho a aprender sobre otros mundos y otras formas de mirar las cosas. De las mujeres campesinas que escriben poesía, he aprendido que la poesía puede ser mucho más que describir cosas bonitas o tristes; puede ser una forma de resistencia.
En la historia de Filipinas, ha habido períodos en los que la poesía se convirtió en una herramienta de resistencia cultural. ¿Sucede lo mismo hoy en día?
Sí, durante la colonización española, los poetas y las poetisas filipinas escribían sátira, épica, novelas y poemas nacionalistas. Así que, desde la colonización española hasta el período estadounidense y hasta la actualidad, la poesía ha sido utilizada y escrita por la gente. Primero, para documentar lo que está pasando, cómo la vida ha cambiado con la colonización y la ocupación… Segundo, para expresar rabia y mostrar a los lectores que debemos combatir la situación. Y finalmente, para expresar compromiso con la lucha y lealtad al país.
Todavía es así; actualmente en Filipinas hay una lucha armada. Kerima Tariman, una de las autoras que publicamos, fue luchadora revolucionaria mártir y es una gran poetisa; siempre decimos que su poesía refleja la vida de la gente con la que ella se encontró. Escribió sobre campesinos, carboneros, trabajadoras… su poesía ha documentado esas vidas comunes y, a la vez, sus poemas dicen que mientras la gente resista, la revolución continúa y no morirá, contrario a lo que el gobierno y el Estado quieren hacer creer.
¿Por qué crearon una editorial de mujeres y para mujeres?
Las únicas editoriales que publicaban obras de mujeres específicamente eran los departamentos de estudios de género en las universidades, pero no había editoriales independientes; sólo hubo una en 1980, pero por un período muy breve. Con Gantala queríamos dar respuesta a la falta de editoriales feministas en Filipinas.
En tu caso, ¿publicaste alguna obra con otras editoriales antes de crear Gantala Press?
Antes de mi primer libro, que lo publiqué con una editorial pequeña, trabajaba como curadora de exposiciones de historia, pero renuncié en 2019 para enfocarme en Gantala, y porque acababa de empezar a trabajar con Amihan, la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, y necesitaba tiempo para dedicarme a mi labor como activista. En Filipinas, en la industria editorial hay muchas mujeres, pero no hay ninguna editorial feminista; creo que todavía somos la única. En cuanto a los libros, la mayoría de editores o colaboradores son hombres; incluso en exposiciones de arte sobre mujeres, todos los artistas son hombres. En conferencias literarias y en los procesos de producción de libros, también.
Queríamos cuestionar y desafiar eso, incluir más mujeres en el proceso, en la industria de producción literaria. Con el tiempo, nuestras políticas han evolucionado; empezamos a trabajar con mujeres campesinas, indígenas, urbanas en situación de pobreza… Pensamos que no hace falta tener educación formal o saber inglés para poder escribir y producir un libro. Cualquiera puede usar los libros para contar su historia, documentar lo que esté pasando y contribuir a la labor política, educando al público sobre las problemáticas que enfrenta su comunidad.
¿La literatura es accesible al público general?
En Filipinas, los libros no lo son demasiado; es muy caro producir un libro e imprimirlo. Nosotros sólo podemos imprimir algunos cientos de ejemplares; por eso queremos que las librerías compren nuestros libros o que se enseñen en las escuelas, para que la gente tenga acceso a ellos.
¿Qué temáticas son prioritarias en Gantala Press actualmente?
Trabajamos mucho con grupos de mujeres campesinas. Recientemente publicamos una colección de poemas escritos por una campesina, y luego los tradujimos al inglés para que otras lectoras internacionales también puedan leer su obra. También publicamos libros de cocina escritos por mujeres campesinas; por ejemplo, un libro basado en plantas que busca apoyar a las trabajadoras de la empresa alimentaria NutriAsia. La lucha de las mujeres campesinas y la soberanía alimentaria son temas importantes, porque normalmente son ellas quienes se encargan de la alimentación, de qué ponen en la mesa y con qué alimentan a sus hijos.
También trabajamos mucho con presas políticas; publicamos la recopilación de obras de Amanda Echanis, una presa política encarcelada hace cinco años. El libro forma parte de la campaña por su liberación inmediata y la de otras presas políticas en el país.
Hace poco publicamos una antología literaria sobre Palestina, que contiene traducciones de poesía palestina y también nuevos textos, contribuciones originales y ensayos sobre la situación, como una manera de expresar nuestra solidaridad con el pueblo palestino. Este año, una de nuestras principales preocupaciones ha sido boicotear la Feria del Libro de Frankfurt, porque se sabe que es cómplice del genocidio y del borrado de la cultura palestina.
En Filipinas la población civil está muy organizada. ¿Los artistas también están vinculados a organizaciones políticas?
Evidentemente todavía hay artistas a quienes no les interesa, pero creo que hoy en día muchos se están organizando en distintas organizaciones que no están necesariamente vinculadas al arte. Por ejemplo, en mi caso, estoy vinculada a la organización de mujeres campesinas, y tengo otras amigas artistas que trabajan con pescadores o grupos indígenas.
Creo que algo positivo que pasa en Filipinas hoy es que hay distintos grupos de defensoras, formados por artistas militantes, que ayudan a las organizaciones populares en sus campañas. Contribuyen con materiales de propaganda, organizan charlas y otros eventos, para que los problemas de las organizaciones se comenten entre el público general. Son grupos formados normalmente por personas jóvenes.
¿Por qué decidiste colaborar con la lucha campesina?
Conocí Amihan por primera vez en 2017 en Tailandia; coincidimos en una conferencia feminista. Entonces estaba sugiriendo publicar un libro con ellas sobre la historia de las mujeres campesinas en Filipinas, y me invitaron a aprender más sobre la situación. Cuando tomé conciencia de las problemáticas, me di cuenta de que la escritura puede usarse para exponer todos estos problemas; los libros son una herramienta poderosa que puede usarse para una causa tan legítima.
Desde que empecé a aprender sobre estas cuestiones con Amihan, asumí la responsabilidad no sólo de su situación específica, sino también de la historia de Filipinas, de lo que ha ocurrido desde la colonización, desde el imperialismo y hasta hoy. Es positivo organizarse y poder hablar de estos problemas con tu organización, porque te informan mucho sobre dónde deberías enfocar tu arte o tu labor cultural.
¿Cómo es el proceso de producción de un libro con estas comunidades?
El proceso siempre es colectivo y a través de una organización, porque el libro no es un producto individual; debe poder ayudar al colectivo y no solo a la escritora individualmente. Una parte de lo que ganamos con la venta de los libros se destina a la comunidad.
¿Tenéis proyectos educativos además de las publicaciones?
Sí, algunos libros que hemos producido, sobre todo al inicio, surgieron de talleres de escritura. También es parte del proceso; visitamos la comunidad y hablamos con las mujeres, les hacemos preguntas sobre su día a día, su historia personal, dónde nacieron… A veces escriben, pero hay campesinas que no saben leer ni escribir, así que simplemente nos cuentan su historia y nosotros la escribimos y luego la incluimos en el libro. También hay mujeres que saben escribir, pero no pueden porque sus manos están cansadas de lavar ropa, cocinar, trabajar todo el día.
Recientemente trabajamos con viudas y huérfanos de la Guerra contra las Drogas, que fue una persecución general y sistemática de las personas empobrecidas y los sectores más vulnerables de la población durante el mandato del expresidente Rodrigo Duterte (2016-2022); organizamos un taller de dos días, que incluía un debate sobre poesía, actividades como escribir un haiku, hablar de los elementos del poema, y escribieron cartas a sus seres queridos asesinados en la guerra. Después recopilamos todo lo producido en un libro; ahora tenemos un documento sobre el efecto de la Guerra contra las Drogas en las mujeres.
Vais mucho más allá de las publicaciones.
Exacto, el objetivo final no es producir un libro, sino conectar con la gente, construir comunidad, exponer la verdad y documentarla. Crear nuestra propia narrativa para desafiar la narrativa que quieren imponer las personas con poder.
¿Cómo es la industria editorial en Filipinas?
Para empezar, la mayoría fueron a la Feria de Frankfurt… las editoriales están más preocupadas por ser traducidas a otros idiomas, en Europa y Estados Unidos. Es curioso, porque la mayoría de obras promovidas en la feria están en inglés; realmente no las leen las clases populares, las leen las élites. Y son obras de ficción, romance y literatura juvenil, no representan verdaderamente la lucha del pueblo filipino. Creo que es más importante compartir con el mundo la experiencia de la gente filipina común.
Para las poetisas y escritoras filipinas, ¿qué significa escribir en tagalo?
En relación con lo que decía antes, como invitado especial en la Feria de Frankfurt, el gobierno filipino tiene un programa de traducción, pero es para que editoriales extranjeras traduzcan obras filipinas a sus idiomas. No había subvenciones para traducir obras extranjeras al tagalo. Podríamos haber aprovechado esos fondos para traducir poesía palestina al tagalo, pero obviamente no hubo oportunidades así.
La importancia de escribir en nuestra lengua es que tenemos la capacidad de educar a las masas sobre lo que está pasando y lo que debería hacerse en un idioma que entienden. Recientemente traducimos una novela de la revolucionaria rusa Aleksandra Kollontai, y estamos orgullosas de esta labor porque trata sobre la Revolución Rusa, es una novela escrita de forma accesible. A las mujeres filipinas les gusta mucho este formato, así que ¿por qué no ofrecerles una novela más política? Estos formatos ayudan a educar a las masas sobre la revolución: la revolución que cambió Rusia, la que quizá cambió China, y la que, con suerte, cambiará Filipinas.
¿También hay intención de dirigirse a la comunidad internacional?
El poemario que publicamos recientemente, escrito por una mujer campesina, lo tradujimos al inglés para el público internacional. Durante la pandemia publicamos cómics sobre la lucha de mujeres de la comunidad indígena del norte de Filipinas contra la construcción de una presa destructiva, financiada por el Banco Mundial durante la dictadura de los años setenta y ochenta. Las comunidades, aunque con culturas muy diferentes entre sí, decidieron unirse y enfrentarse a la presa, y ganaron. Contactaron con aliadas fuera de Filipinas, y gracias a la presión internacional, el Banco Mundial y el gobierno decidieron detener el proyecto.
Los cómics fueron financiados por el Goethe-Institut de Alemania, traducidos al alemán y al inglés, y distribuidos en India, Canadá y Europa; también publicamos una versión local en tagalo. Durante ese período, el gobierno retiraba libros relacionados con el Movimiento Nacional Democrático (NDFP), eliminándolos de bibliotecas universitarias y públicas, por lo que había censura. Por eso creo que traducir estas obras a otros idiomas es valioso: si el libro es prohibido o censurado en Filipinas, siempre habrá una copia en otro lugar, en otro idioma, y la historia se preservará.
¿Todavía hay censura?
No recientemente, pero las activistas siguen siendo víctimas del red-tagging, son acusadas de comunistas. No hay censura específicamente en libros, pero el clima general sigue siendo aterrador y no hay mucha libertad para posicionarse políticamente.
¿Gantala Press siempre ha sido una editorial politizada?
Cuando empezamos, no; nos politizamos al conocer Amihan en 2017. Nos constituimos en 2015 y en 2016 ocurrieron los ataques misóginos del expresidente Rodrigo Duterte. En 2017 tuvo lugar el asedio de Marawi, donde el gobierno tuvo un conflicto armado con la comunidad musulmana de Mindanao. Una de nuestras colaboradoras fue refugiada de ese conflicto; tuvo que correr varias horas estando embarazada para huir.
Entonces te das cuenta de que las mujeres tienen problemas y necesidades específicas en tiempos de conflicto. Nos dimos cuenta de que podemos hacer mucho más que publicar libros; podemos organizar eventos, reunir personas, generar debate. Nuestro trabajo puede ir más allá de sólo escribir y producir libros. Creo que ahí fue cuando empezamos a ser una editorial política y feminista; sobre todo bajo la presidencia de Duterte, creo que no puedes evitar ser feminista.
¿Cuál es tu labor en la Federación Nacional de Mujeres Campesinas?
Antes de Amihan y de Gantala, con otra compañera ayudamos a fundar Defensoras de Mujeres Rurales, un grupo de defensoras que apoyan a Amihan en sus campañas. Son un ejemplo de grupos de artistas-activistas. Recientemente decidí contribuir más a Amihan; ayudo a preparar material para campañas, declaraciones y también a buscar apoyo del público general y de la comunidad internacional.
¿Cuál es el tema más urgente que debe ponerse sobre la mesa en Filipinas?
Hay muchos temas, pero en el fondo está la lucha antiimperialista, mientras Estados Unidos y sus aliados tengan propiedad y control de la mayoría de los recursos en Filipinas. Siempre decimos que Filipinas es un país rico, pero la gente es pobre. Creo que la lucha está muy dirigida hacia el antiimperialismo. Somos un país agrícola, pero el principal importador de arroz. También el red-tagging, porque obviamente Estados Unidos no quiere que el comunismo se propague entre la gente.
¿Qué impacto tiene la editorial Gantala?
Creo que es pionero que una mujer campesina haya producido una colección de poemas si observas la literatura filipina en su conjunto, porque esto elimina el control del medio impreso por las élites o por escritores profesionales. Realmente democratiza la escritura y la publicación; cualquiera puede hacerlo y cualquiera puede usarlo para sus propósitos. Así que creo que es un buen desarrollo, porque es otra herramienta de resistencia: “el libro hecho por el pueblo”.
La poesía no está por encima de la comunidad campesina, no se disfruta individualmente, siempre es colectiva, se recita en reuniones, concentraciones, protestas. Para ellas es una herramienta cotidiana y se comparte con la comunidad; no es nada especial comparado con cómo lo consideran los escritores burgueses. Creo que eso la hace más poderosa.
¿Puedes recomendar una autora para profundizar nuestro conocimiento en la lucha feminista en Filipinas?
Amanda Echanis está traduciendo los poemas de Kerima Tariman del tagalo al inglés para el público internacional. Creo que es muy interesante porque ambas entienden los problemas básicos de Filipinas y el contexto de estos poemas revolucionarios. Kerima tiene un poema sobre darse la mano, en el que dice que cuando la gente se da la mano, el mundo tiembla, el mundo cambia, como si se construyera un puente con las manos de quienes se dan la mano.
Amanda dice que la misma metáfora se puede aplicar a la traducción, porque se construyen puentes, cambia el mundo, cuando la gente se encuentra y se da la mano. Creo que es un buen símbolo de lo que se puede hacer en la literatura filipina.


