Texto: Paula Serrà
Imagen: Javier Sulé Ortega
Entrevista a Berivan Kiran, activista por los derechos de las mujeres y lingüísticos
Desde comienzos de año, Rojava se encuentra bajo una situación de asedio por parte del gobierno sirio de transición, que con el apoyo de milicias y grupos armados afines está forzando una reconfiguración política y social de la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria. La vulneración de derechos, tanto culturales como de autodeterminación y ejercicio de soberanía que vive la población kurda en los distintos territorios, es una realidad actual y de continuidad histórica. A pesar de las diferencias de contexto que van desde la persecución en Turquía, el reconocimiento en Irak, las graves restricciones en Irán o la situación actual en Siria, la vulneración de derechos que vive el pueblo kurdo se enmarca dentro de una persecución y limitación del movimiento político de su población.
Berivan Kiran es defensora kurda de los derechos de las mujeres y de los derechos lingüísticos, que son fundamentales para el desarrollo y el uso del kurdo. También es asesora parlamentaria del Partido Popular por la Igualdad y la Democracia (DEM) en la Gran Asamblea Nacional de Turquía, una formación que representa al pueblo kurdo y a otras minorías en este país.
¿Por qué es importante la preservación de la lengua kurda?
La lengua no es solo un medio de comunicación; es la memoria, el sentimiento y la manera de entender el mundo de un pueblo. La forma más efectiva de acabar con un pueblo es negar, invisibilizar y prohibir su lengua, su cultura y su identidad. A pesar de ser una población tan numerosa, nuestra lengua fue prohibida y reprimida. Protegerla y desarrollarla es nuestra responsabilidad.
Históricamente, la lengua kurda ha sido excluida de la educación, de los medios oficiales de la administración pública. Durant muchos años el kurdo estuvo prohibido en Turquía y hablarlo en espacios públicos podía ser motivo de detención. ¿Cuál es la situación hoy en día?
Continúan las restricciones y prohibiciones, que se manifiestan en la obstaculización del trabajo en kurdo y de los servicios multilingües en los municipios, así como en el cierre de canales de televisión, medios de comunicación, escuelas y asociaciones que trabajan en kurdo: no hay escuelas que enseñen en kurdo. Abrimos una escuela primaria, pero el Estado la cerró. También cerró repetidamente los cursos de lengua que ofrecíamos.
La lucha del pueblo kurdo trabaja para aumentar la visibilidad de la lengua kurda en el espacio público, proteger los derechos culturales y oponerse a la normalización de la presión lingüística; vela por la reconciliación de la juventud con su identidad y por lograr que la lengua vuelva a tener un lugar en la vida cotidiana. En la actualidad, está en marcha un proceso de solución del conflicto kurdo en Turquía; espero que con el tiempo también terminen las presiones sobre la lengua.
En este contexto, ¿cómo se ha logrado preservar la lengua y la cultura kurdas hasta hoy?
Nuestra cultura se basa en gran medida en la memoria oral. Los relatos, las nanas y el dengbêj, un canto de tradición muy antigua, generalmente interpretado sin instrumentos, transmiten detalles de la lengua y de la cultura kurdas. El dengbêj se caracteriza más por su resistencia, su voz fuerte y su capacidad de narrar largas historias que por su contenido. Todos estos elementos funcionan como una memoria colectiva.
Cada una de estas formas de memoria oral es portadora de la historia del pueblo kurdo, una historia que durante mucho tiempo no se nos ha permitido escribir; cada palabra se ha convertido en una forma de resistencia. Yo he tenido suerte en el aprendizaje de la lengua; mi madre me puso un nombre kurdo, me habló en kurdo y me crió con nanas kurdas. Para una lengua prohibida, incluso estos gestos son formas muy importantes de resistencia.
¿Cuál es el papel de las mujeres en la resistencia del pueblo kurdo?
Las mujeres kurdas son una de las mayores fuentes de inspiración. Somos un pueblo en el que las mujeres tienen un papel muy destacado, tanto en la cultura como en la lucha social. En la sociedad y la política kurdas, la mujer es un símbolo muy fuerte y está presente en todos los ámbitos. En Rojava (Kurdistán sirio), así como en el Kurdistán turco, las mujeres se han hecho conocidas por sus esfuerzos y su resistencia, que se manifiestan en diversas áreas de la sociedad. Después de años de resistencia, la mujer kurda se ha convertido en un símbolo gracias a su lucha y se ha rebelado contra el sistema dominante en Oriente Medio y en el mundo.
Funcionamos con un sistema de copresidencia en todos los ámbitos: en todos los comités hay una mujer y un hombre como copresidentes. Vivimos en un sistema que prácticamente no tiene equivalente en el mundo. También tenemos asambleas de mujeres, donde los hombres no tienen derecho a opinar. En cuanto a los comités mixtos, todo el mundo puede hablar, pero en los temas de mujeres, solo ellas pueden tomar la palabra. Las mujeres guían a la sociedad en todos los sentidos.
¿Cómo es hacer tu trabajo de activista en un contexto como el turco?
Supone un riesgo político en sí mismo. Temáticas como la lengua, la cultura y la identidad se politizan constantemente y, por ello, el trabajo siempre se encuentra bajo una vigilancia invisible. Siempre existe la preocupación de cómo será percibida nuestra labor, ya que a veces una actividad, una reunión o un informe pueden ser malinterpretados. Esto nos obliga a actuar con cautela tanto al planificar como al ejecutar actividades.
El activismo no es un ámbito que pueda romantizarse y requiere una estrategia sólida, un equipo adecuado y una preparación psicológica firme. Los trabajos relacionados con comunidades que viven bajo presión conllevan muchos riesgos, que no se limitan solo a la presión política; las expectativas sociales, las cargas personales, el coste emocional y las tensiones complejas vinculadas a la realidad sobre el terreno convierten el concepto de riesgo en una cuestión multidimensional.
La solidaridad comunitaria, la memoria colectiva y la tradición de resistencia hacen que este trabajo sea significativo y sostenible. La herramienta más poderosa que utilizamos para protegernos es la propia lengua. A pesar de las prohibiciones, seguimos celebrando actividades artísticas y culturales. Cuando se cierran cursos, abrimos otros nuevos. Intentamos mantener vivo el uso de la lengua a través de la solidaridad comunitaria. En plataformas internacionales intentamos presentar y explicar al pueblo kurdo y la lengua kurda.
En noviembre de 2025, participaste en la 4a edición de la Escuela de Defensoras, organizada por la Associació Catalana per la Pau e International Action for Peace. Un espacio de encuentro, formación e intercambio, donde junto con otras defensoras de derechos culturales de distintos países pudisteis compartir las luchas de vuestros pueblos tejer alianzas. ¿Por qué es importante participar en espacios como este?
La cooperación para el desarrollo aporta contribuciones fundamentales para el fortalecimiento organizativo y la protección de los espacios de vida y de trabajo; contribuye a profesionalizar las organizaciones locales en ámbitos como la formación, la planificación, la comunicación y la gestión de proyectos. También facilita la creación de redes de solidaridad para proteger los espacios de vida y trabajo de las comunidades, y permite aprender nuevos métodos que pueden aplicarse a escala local.
Por ejemplo, en el País Vasco participé en el Programa de Formación para la Revitalización Lingüística de la Asociación Garabide, donde redacté un proyecto para analizar si su sistema educativo es aplicable a nuestro contexto. Este proyecto se inspiró en el método de inmersión del País Vasco, pero fue adaptado a nuestra lengua y cultura. Lo diseñamos para crear espacios de aprendizaje vivencial, comenzando por Amed, ciudad considerada nuestra capital.
En estos espacios no se enseñará solo la gramática; la lengua se aprenderá viviéndola. Los “espacios seguros” y los “espacios puente” son palabras clave del proyecto. En los espacios seguros, la gente podrá hablar su lengua sin miedo ni vergüenza. En los espacios puente, esta experiencia se transmitirá entre generaciones. Por el momento no hemos podido ponerlo en marcha, pero el clima político en Turquía está cambiando y mi máxima prioridad es asegurar que el kurdo se hable en la educación, en el espacio público y en muchos otros ámbitos. Si se logra implementar el proyecto, se habrá dado un paso muy importante.
Este artículo se publicó originalmente en La Directa.


