En la semana de la Nakba, queremos dirigir la mirada a Cisjordania y a la terrible situación que viven día a día, año tras año y desde hace ya más de cinco décadas, los campesinos y campesinas palestinos como consecuencia de la ocupación militar israelí. Un contexto de crisis estructural que se concreta en un conjunto de restricciones sistemáticas a la movilidad, al acceso a la tierra y a los recursos naturales, especialmente al agua, y que condicionan profundamente las posibilidades de vida y desarrollo de la población palestina.
El control del territorio, la fragmentación del espacio rural, las limitaciones para acceder a parcelas agrícolas, la carencia de autorizaciones para rehabilitar tierras y la restricción del uso de los recursos hídricos afectan directamente los medios de subsistencia de las familias campesinas y debilitan su capacidad de mantener una actividad agrícola estable y sostenible. Según un informe recientemente publicado por nuestra entidad socia en terreno, Palestinian Farmers Union (PFU), solo durante el mes de marzo de 2026 la escalada de violencia por parte de los colonos israelíes en la región supuso pérdidas agrícolas superiores a los 4,2 millones de dólares, incluyendo la destrucción de más de 8.000 olivos y el robo o sacrificio de centenares de reses.
El informe sostiene que los ataques afectaron especialmente a los medios de vida rurales, con destrucción de cultivos, invernaderos, sistemas de riego e infraestructuras agrícolas básicas. El sector ganadero también sufrió graves consecuencias, con robos masivos de ovejas y daños a granjas avícolas. Estas acciones, en el marco del genocidio que se está perpetrando en la Franja de Gaza desde octubre de 2023, no solo provocan pérdidas inmediatas, sino que comprometen la sostenibilidad futura de la agricultura palestina, puesto que muchos árboles y explotaciones requieren años para recuperarse.
Nos encontramos, por lo tanto, ante una estrategia coordinada para debilitar la presencia agrícola palestina y facilitar la anexión de tierras. En este sentido, decenas de comunidades han sido parcialmente o totalmente desplazadas, hechos que provocan el incremento de la inseguridad alimentaria, el aumento de la pobreza y trauma psicológico.
Desde PFU, se reclama protección internacional para los agricultores y ganaderos palestinos, mecanismos de supervisión y medidas de compensación y responsabilidad ante las agresiones.
En la misma línea se expresa la Coalición de Mujeres Agricultoras Palestinas, vinculada a Palestinian Farmers Union, en un comunicado de prensa donde reclama un aumento del apoyo internacional para proteger y reforzar el papel de las mujeres agricultoras palestinas, puesto que son las que sostienen una parte esencial de la producción agrícola y ganadera -más del 50% del trabajo en producción agraria y aproximadamente el 87% de las actividades ganaderas-, a pesar de que solo poseen el 7,7% de las tierras agrícolas, hecho que refleja desigualdades estructurales en el acceso a los recursos y a las oportunidades económicas.


La organización denuncia que las agricultoras sufren restricciones de acceso a la tierra y al agua, falta de financiación, problemas de acceso a los mercados y los efectos del cambio climático. Estas dificultades se agravan por las violaciones y ataques por parte de los colonos, especialmente en el Área C y en el Valle del Jordán. Como resultado, muchas mujeres se ven abocadas a trabajar en sistemas agrícolas familiares sin remuneración, con poca independencia económica y bajo amenazas constantes.
El comunicado pone un énfasis especial en la situación de la Franja de Gaza, donde las mujeres agricultoras habrían sufrido pérdidas humanitarias y agrícolas muy severas: más del 80% de las tierras agrícolas han quedado dañadas y más del 70% de los invernaderos destruidos, junto con importantes afectaciones en las redes de riego y suministro de agua. Esto ha provocado la pérdida de medios de vida para miles de mujeres y un aumento de la inseguridad alimentaria entre las familias rurales encabezadas por mujeres.
Desde la Associació Catalana per la Pau trabajamos con Palestinian Farmers Union en varios programas para contribuir al fortalecimiento de las redes de cooperativas campesinas, así como para garantizar la seguridad alimentaria, promover la innovación agrícola y avanzar hacia la justicia climática y de género de las mujeres ante el cambio climático. Lo hacemos en diferentes proyectos de la mano de la Fundació Solidaritat UB y gracias al apoyo de la cooperación catalana y española.
El olivo: símbolo y medio de subsistencia
Según los datos recogidos por el Ministerio de Agricultura del Gobierno Palestino, casi 100.000 olivos fueron total o parcialmente destruidos en ataques israelíes en Cisjordania durante 2025, afectando a miles de familias. En Palestina, el olivo no es solo una fuente de ingresos, sino un símbolo de arraigo, continuidad histórica e identidad cultural, así como un elemento central de lucha y resistencia. El ejército de Israel utiliza de manera sistemática la destrucción del olivo como arma de guerra: atacar los olivares significa atacar uno de los principales medios de producción y subsistencia del pueblo palestino y, a la vez, intentar borrar su presencia cultural y social en el territorio.
En este contexto, hemos impulsado recientemente el proyecto Raíces que unen tierras: recuperar el olivo, defender la tierra en Palestina, que tiene precisamente como destinatarias a personas campesinas a quienes los militares y colonos israelíes han atacado o arrancado sus olivos. Así, se están replantando olivos adultos e instalando vallas de protección en parcelas especialmente vulnerables. También se distribuyen herramientas agrícolas para mantener y cuidar adecuadamente los árboles replantados.
El proyecto, gracias a la acción de Palestinian Farmers Union y el apoyo del Fondo Catalán de Cooperación al Desarrollo, permite restablecer una actividad productiva clave para la soberanía alimentaria y la sostenibilidad económica de la población, a la vez que refuerza su resiliencia ante la violencia de la ocupación y los impactos del cambio climático, contribuyendo así a la defensa efectiva del derecho a la tierra que de manera reiterada se les intenta negar.


