Los días 7, 8 y 9 de julio tuvo lugar en el Espai Assemblea de la sede de Comisiones Obreras de Cataluña (Barcelona) la tercera edición de la Escuela de Verano de la Associació Catalana per la Pau, bajo el título ‘Oriente Medio: conflictos, desorden y punto de encuentro’. Cerca de un centenar de personas analizaron y debatieron a lo largo de las diferentes sesiones los elementos clave de una región ya de por sí en estado de convulsión permanente y que en los últimos meses ha alcanzado un punto álgido de tensión y enfrentamiento.

Desde una perspectiva geopolítica y con un enfoque basado en los derechos humanos, las participantes pudieron escuchar las intervenciones de un panel multidisciplinario formado por especialistas en Oriente Medio y también por representantes de organizaciones de la sociedad civil palestina, en cuanto voces transformadoras y comprometidas hacia la construcción de paz en este lugar del mundo.

El acto de inauguración fue a cargo de Xavier Cutillas, presidente de la Associació Catalana per la Pau; Pierre Blanc, redactor jefe de la revista Confluences Méditerranée de iReMMO (Institut de recherche et d’études Méditerranée Moyen-Orient), y Xavier López, director general de la Fundació Solidaritat UB.

La primera mesa llevaba por título ‘Oriente Medio: ¿de que estamos hablando?’ y tenía como objetivo realizar una aproximación terminológica e histórica a esta cuestión. Pierre Blanc, doctor en geopolítica y profesor en Sciences Po Bordeaux, destacó que nos encontramos de entrada ante un término sobre el cual no existe un pleno consenso en cuanto al territorio que alcanza. Un concepto, el de Oriente Medio, fundamentalmente definido desde una perspectiva eurocéntrica, impulsada por el Imperio británico de finales del siglo XIX y comienzos del XX, y reforzada posteriormente, tras la Segunda Guerra Mundial y en plena Guerra Fría, por otras dos potencias coloniales, como eran los Estados Unidos y la URSS. “Oriente Medio no existe como objeto geográfico, sino que se trata de una realidad de carácter geopolítico creada a partir de una mirada colonialista”, remarcó.

Blanc abordó el tema recurrente de la violencia en una zona, recordó, que es la más militarizada del mundo y la que presenta un mayor gasto en seguridad por habitante. Según él, se dan los tres niveles de violencia propuestos por el sociólogo noruego Johan Galtung: directa, estructural y cultural. Por eso, a la pregunta de por qué tradicionalmente ha habido un nivel tan elevado de conflicto en Oriente Medio, la respuesta hay que buscarla en la intersección de todos los factores posibles (fronteras, diversidad de poblaciones, causas religiosas, injerencia extranjera, recursos naturales estratégicos…). No existe, por lo tanto, un único factor, sino múltiples que, combinados entre sí, explican la violencia perpetua que atraviesa la región.

A continuación, tuvo lugar la ponencia ‘Oriente Medio desde una visión histórica hasta los conflictos actuales’, con Jean-Paul Chagnollaud, presidente de honor de IReMMO y profesor emérito de universidades; y Abaher El Sakka, profesor de sociología y decano de la Universidad de Birzeit (Palestina) y vicepresidente del Consejo Árabe de las Ciencias Sociales.

Chagnollaud se remontó a los alrededores de 1920, cuando se produce la disolución del Imperio otomano, en el cual no había estados-nación entendidos como tal, sino divisiones administrativas a lo largo y ancho del territorio. Con la caída y a raíz del Acuerdo Sykes-Pikot (1916) entre Reino Unido y Francia, por el que los dos países se dividían el territorio en función de sus intereses y esferas de influencia, emergen de repente en la región una serie de ”estados”, las fronteras de los cuales no son trazadas ni validadas por las poblaciones que los habitaban. Se considera a día de hoy que este acuerdo secreto configuró de facto la región. “Se crearon estados sin nación y naciones sin estado”, resumió. Es decir, por un lado, se configuran estados que no presentan una homogeneidad nacional (el caso del Líbano) y, por el otro, nos encontramos con naciones privadas de un estado propio (kurdos, armenios o palestinos). Dentro la misma lógica colonial y para conservar un control sobre la región en vistas al final de la Primera Guerra Mundial, el Reino Unido firmó el 1917 la Declaración de *Balfour, la primera manifestación pública de apoyo al sionismo, otro hecho clave y con repercusiones que llegan hasta la actualidad.

El Sakka cogió el hilo del componente colonial en cuanto a los orígenes de la conflictividad persistente en Oriente Medio, remarcando la necesidad de remitirnos siempre a la cuestión colonial a la hora de considerar o analizar cualquiera de las guerras, invasiones o enfrentamientos que allí tienen lugar. En Palestina, la cuestión colonial es “estructural”, remarcó. En relación al caso palestino, disertó sobre las fronteras: “el pueblo palestino viene sufriendo una permanente modificación de las fronteras de su territorio, unas fronteras que no se corresponden en ningún caso con sus fronteras “psicológicas”, las de la Palestina histórica del 1917”.

Esta primera jornada fue conducida y moderada por Eulàlia Millaret, abogada especialista en migraciones.

La sesión del segundo día, bajo el título ‘Petróleo, agua y tierra: la paradoja de los recursos’, fue nuevamente abierta por Pierre Blanc, que es autor del libro Tierra, poder y conflictos, donde plantea una revisión de la historia contemporánea situando la cuestión de la tierra en el centro de las lógicas del poder. Blanc empezó hablando del agua como elemento civilizador en la región, pero también como elemento de fragmentación y desunión. Se refirió a las “violencias del agua” que se dan en un territorio donde determinados países o poblaciones se encuentran en situación de ”hidrohegemonia”, no tanto por factores geográficos como debido a su poder militar. Palestina es el caso más evidente y flagrante. “Desde 1967, Israel no ha parado de reorientar el agua hacia sus territorios, controlando así las grandes reservas. Actualmente, en Cisjordania el 80% del agua está en manos de Israel”.

A continuación, Bassem Snaidje, profesor en economía y finanzas del mundo árabe e investigador en el Instituto de Historia y Economía Social de la Universidad de París, centró su intervención en hablar de dos recursos esenciales para la zona, como son el gas y el petróleo. Aseguró que en las próximas décadas Oriente Medio continuará exportando petróleo y gas en grandes cantidades, especialmente a países como China o la India, ya que ambos recursos son básicos para el proceso de sustitución del carbón que deberán impulsar las economías mundiales para conseguir reducir las altas emisiones de dióxido de carbono.

A continuación, fue el turno de los dos representantes de Palestinian Farmers Union (PFU), red de cooperativas de campesinos y campesinas y entidad socia de la Associació Catalana per la Pau en numerosos proyectos agrícolas y por el derecho a la alimentación en Palestina. Abbas Milhem, director de PFU y coordinador de Climate Action Network en Palestina, y Rula Al-Khatib, directora de programas de PFU y miembro directiva de International Land Coalition, denunciaron los constantes ataques que reciben los campesinos y campesinas palestinos y como el Estado de Israel, de manera planificada y programada, se ha ido apoderando de los recursos, llevando a cabo “una expropiación sistemática de la tierra y de la agua”.

“El sionismo es una maquinaria de violencia y destrucción sin precedentes en la historia de la humanidad”, aseveró Milhem, quién se refirió al Ministerio de Seguridad israelí como “promotor, cooperador y protector de las acciones criminales que cometen diariamente los colonos sobre la población palestina”. Desde 1967, tres millones de árboles han sido talados o quemados en las tierras palestinas. A pesar de todo el acoso y ataques que sufren diariamente, los campesinos y campesinas siguen aferrándose a su derecho a la tierra, intentando acceder y cultivar sus tierras. “Desde PFU continuaremos trabajando para proporcionarles todo el apoyo, pero la realidad es que no podemos tener acceso a la seguridad alimentaria sin disponer de soberanía alimentaria; necesitamos de la solidaridad internacional para seguir haciéndonos oír”.

El responsable del área del mundo árabe de la Associació Catalana per la Pau, Sàgar Malé, fue el encargado de presentar y moderar la segunda jornada.

El tercer y último día, se dividió en dos partes diferenciadas. La primera, por la mañana, permitió escuchar las experiencias de mujeres campesinas provenientes de cooperativas palestinas que defienden el derecho a la tierra y al agua en Cisjordania. Todas ellas, pertenecientes a la red de PFU, explicaron las duras condiciones que afrontan en su día a día, sufriendo los ataques y las vulneraciones constantes del Ejército y los colonos israelíes,

Así, Hashem Mohammedsaid AbuHasan (cooperativa en Arabbuna) y Suna Aqel Sulaiman Khrishi (cooperativa en Jayous) narraron en primera persona el conjunto de humillaciones que tienen que soportar en los controles de seguridad (checkpoints) que se ven obligadas a pasar para poder llegar hasta sus tierras. Manal Abdul Kareem Saeed Ragab, de la cooperativa ubicada en Kafr al-Labad, se refirió también a las dificultades que tienen las campesinas para acceder al agua. En Cisjordania el 85% de las aguas subterráneas se encuentra bajo el control de Israel. Shahd Yousef Ahmed Bsharat (Tamoon) relató que a veces tardan hasta seis horas en llegar a sus tierras y que otro problema importante es el de la comercialización de los productos agrícolas, por las constantes trabas y obstáculos que aplica el gobierno israelí.

Cultivan frutas y verduras (uva, tomate, pepinos…), especialmente mediante el sistema hidropónico (un modelo donde se prescinde de la tierra y se utiliza agua enriquecida con diferentes nutrientes, resultando por lo tanto especialmente respetuoso con el medio ambiente), fruto de los programas de intercambio entre Palestinian Farmers Union, la Associación Catalana per la Pau y la Fundació Solidaritat UB, en el marco de proyectos que reciben el apoyo de la cooperación catalana y española. Las cuatro quisieron agradecer este apoyo, enfatizando que en el contexto actual de destrucción y genocidio que sufre la población palestina es más primordial que nunca, porque iniciativas agrícolas de este tipo abren como mínimo una puerta a que las familias dispongan de alimentos y productos de subsistencia. El discurso de coraje y resiliencia que mostraron impactó en el público asistente a la Escuela de Verano. “No abandonaremos nuestro territorio. Bajo ningún concepto”.

Finalmente, por la tarde, la Escuela se cerró con la mesa redonda ‘Las interferencias externas y el nuevo contexto regional’, moderada por Xavier Cutillas, presidente de la Associació Catalana per la Pau.

“La cuestión palestina es el punto central y clave de toda la región. Antes y ahora. Mientras no haya una respuesta política, no se podrá avanzar en la resolución de este “conflicto”. Son palabras de Agnès Levallois, presidenta de iReMMO, profesora en Fondation pour la recherche stratégique de Science Po Paris y periodista. Considera que desde el 7 de octubre de 2023 (ataques perpetrados contra Israel por Hamas y otros grupos terroristas palestinos) la estrategia de Israel es la de redefinir completamente la situación de la región: “una estrategia mortífera”. En primer lugar, en relación a Palestina, donde se calcula que como mínimo serán necesarios quince años solo para limpiar y desescombrar toda la Franja de Gaza y poder empezar a reconstruir, y donde a día de hoy se contabilizan 57.000 muertos (15.000 niños y niñas), cifra muy por debajo de la real, según ella, porque se tendría que multiplicar por dos o tres, puesto que las cifras oficiales registran tan solo cuerpos hallados. Otro ejemplo de esta estrategia de destrucción total (derrocar infraestructuras, asesinar a líderes locales…) sería el Líbano, donde un millón de personas del sur del país han tenido que abandonar su casa y desplazarse. O, más recientemente, Irán. “Nos encontramos ante un escenario de escalada armamentística impensable hace un tiempo”, afirmó.

Manon Nur Tannous, doctora en relaciones internacionales e investigadora sobre el mundo árabe, se refirió a la situación actual de Siria, donde el nuevo gobierno de Ahmed al Sharaa afronta retos importantes, como son conseguir la gobernanza del país, mejorar la vida de la población en una nación que tiene sus infraestructuras devastadas y el PIB bajo mínimos, o los que hacen referencia a la cuestión comunitaria, con múltiples tensiones reavivadas que solo podrán aplacarse si se consigue articular una amplia representatividad de todos los segmentos de la ciudadanía siria.

Adel Bakawan, director de European Institute for Studies on the Middle East and North Africa e investigador asociado al Programa Turquía/Oriente Medio del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, fue la última voz especialista en tomar parte del debate. Se refirió en tres momentos clave de la historia reciente de Oriente Medio: el 2001 (atentados de AlQaeda contra el Pentágono y las Torres Gemelas en Nueva York y posterior invasión de Afganistán por parte de Estados Unidos); 2011 (primaveras árabes) y 7 de octubre de 2023, que Bakawan define como el momento de descomposición de Oriente Medio, “cuando todo se descompone y no se construye nada”. Porque, según él, Israel no tiene ninguna propuesta ni proyecto para la región. Una vez ha caído “el mito del Israel imbatible”, el gobierno de Netanyahu modifica de arriba abajo cualquier lógica de actuación que hubiera podido tener hasta el momento. Y esto proyecta inevitablemente a la región entera en dirección a un momento de incertidumbre total. Concluyó asegurando que el contexto posterior al 7 de octubre plantea también un gran vencedor (Turquía) y un gran perdedor (Irán).

La tercera edición de la Escuela de Verano contó con la colaboración de iReMMO (Institut de recherche et d’études Méditerranée Moyen-Orient), la revista Confluence Méditerranée y la Fundació Solidaritat UB, así como el apoyo de la Agència Catalana de Cooperació al Desenvolupament y la AECID.

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